Detenga la plática negativa mientras
se está llevando a cabo y cámbiela por positiva. Si se da cuenta de que está
pensando: “En verdad soy estúpido”, deténgase y dígase: “Puedo hacer algo
mejor, y la próxima vez lo haré”. El monólogo interno negativo es natural pero destructivo; aprender a reemplazarlo requiere de trabajo constante,
incluso cuando cree que ya domina esta habilidad.
Tómese un momento, quizá todas
las mañanas mientras está frente al espejo, para decirse un cumplido: “Soy una
persona increíble, valiosa y poderosa”. O sea específico: “Demostraré un
potencial impresionante en mi entrevista”.
Reemplace las palabras tener
que, que requiere de su poder, con palabras querer hacer.
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Tengo que
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Se convierte en
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Quiero
hacer
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Debo
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Se convierte en
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Elijo
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Trataré
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Se convierte en
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Haré
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Mi
intención es
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Se convierte en
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Prometo
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Las palabras querer hacer le dan poder y control porque implican una decisión
personal de actuar. Cuando dice: “Tengo
que”, está diciendo que otra persona tiene el poder de decidir lo que usted
hace. Cuando dice: “Quiero”, está
diciendo que la elección es suya.
Anote sus éxitos. Incluso cuando
no piense que está dando lo mejor de usted mismo, no permita que esto disminuya
sus victorias. Al trabajar por el mejoramiento propio, felicítese cuando tome
cualquier paso en la dirección correcta, sin importar cuán pequeños sean. Ya
sea que apruebe un examen, establezca un contacto importante, coma más
verduras, obtenga un empleo o empiece a comunicarse en forma más honesta, cada
éxito le ayuda a creer en usted mismo. Trate de llevar una lista de sus éxitos
en un cuaderno.

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